
- Dificultad baja.
- Hasta Las Majadas 30 km ida y vuelta.
- Hasta El Hosquillo 30 km ida y vuelta.
- Fuente de La Tía Perra 20 km ida y vuelta.
- Recorrido lineal.
- Llevar agua. No hay fuentes.
- La sombra dependerá del trazado de la pista.
Vamos a introducirnos en uno de los más enigmáticos paisajes de los Montes de Cuenca. La vida se muestra allí en todo su esplendor y fuerza. Fauna y flora en perfecta simbiosis, siguen dedicándonos, aún a pesar de los esfuerzos del hombre, lo mejor de su repertorio. Sonidos y olores que nos transportarán a épocas primigenias y que excitan en lo más profundo de nuestro ser, instintos familiares.
Las experiencias y sensaciones son en todo momento tan gratificantes como posiblemente irrepetibles. De hecho, el tránsito de vehículos es tan infrecuente que, la aparición de un coche o semejante, es equiparable a la de un jabalí.
Lo imprevisto puede ser peligroso de manera que, la cautela no está reñida con el disfrute de los sentidos.
RUTAS
"LAS MAJADAS". ALUCINANTE
A la altura del albergue existe una bifurcación de pistas forestales asfaltadas, evitaremos fácilmente equívocos situándonos en el margen derecho de la que proviene del Camping de Poyatos.
No tardaríamos en alcanzar la primera de las cuestas que nos aguardaban.
Los riscos de variadas tonalidades y texturas nos darían escolta, a tiro de bastón, hasta pocos kilómetros antes de llegar a las Majadas.
Por la izquierda "El Hocinillo", precioso arroyo con importante caudal, perfecta referencia por ser muy audible el discurrir de su agua. A los 9 km desaparecería por lo que, nos facilitaba anticiparnos en el conocimiento de la proximidad al cruce con el ramal de la fuente de "La Tía Perra", situado a 10 km.
Antes de partir hacia la nebulosa (Madre) Naturaleza que, a diferencia de los socialmente correctos con sus teoremas sobre la accesibilidad en las urbes, nos ofrece un gratis total. Acercarnos al pequeño cauce del arrollo es posible aquí.
Atravesando una explanada en ligera cuesta abajo, tapizada de hierba y salpicada de grandes y frondosos pinos.
El amigo cuatro patuno puede gozar en el lugar de albedrío sin riesgos e incluso, satisfacer su curiosidad degustando frescas y sabrosas hierbecillas, olfateando plantas aromáticas o, rebozándose en alguno de los excrementos que tanto proliferan por la zona. Son deposiciones de animales que gustan del mullido lecho. Preciso es decir que, los hay en número y tamaño realmente considerable.
Si se tratase de un (come mierdas), mejor ni soltarlo, a no ser que, haya total confianza en el (deja).
Es fascinante comprobar durante el tiempo de esparcimiento del perro, la metamorfosis originada al entrar en contacto anárquico y libertino con el medio. Si habláramos de un espécimen embadurnado en heces de corzo, arrastrando un tronco de unos tres metros de largo por unos quince cm. de diámetro, practicando el submarinismo en busca de ¿No se sabe qué?, brincando cuan liebre poseída por el baile de San Bito, buscando en las corrientes etéreas sonidos y olores que tan solo él puede descifrar, ¿A qué mamífero nos estaríamos refiriendo?
Las toallitas de bebé dan un excelente resultado para corregir ciertos desmadres y eliminan con relativa facilidad efluvios procedentes del guía poco gratificantes.
Seguimos.
Posicionamiento en el lugar: a la espalda, El Hocinillo. Al frente, la pista.
Adelante.
Después de varias horas de marcheta, alcanzamos el primero de nuestros objetivos: el cruce formado por la pista principal con el ramal, en margen derecho, de la fuente de La Tía Perra. Son merenderos bien estructurados con buena agua y mucha sombra. Se sitúa a unos 4 km del inicio del ramal.
Habiendo perdido la buenísima referencia que nos ofrecía el arroyuelo, se planteaban importantes incógnitas:
¿Cómo saber que vamos en dirección adecuada?, ¿Y si en lugar de seguir hacia Las Majadas, penetramos por el ramal sin saberlo y aparecemos en los merenderos de La Tía Perra?
El Saledrín, se decantó en la reunión al efecto, por la de continuar como si tal cosa por nuestra pista principal hasta alcanzar un falso llano y seguir lo más recto posible, trabajando en arco el bastón. Si con todo y con ello, tomábamos el ramal, posiblemente captaríamos la repentina cuesta al arranque del asfaltado camino.
Efectivamente, la cuesta sorpresa, apareció!
Sin más propósito que llegar a la población, avanzamos resueltamente y, al fin: LAS MAJADAS.
Notas:
El camping de Las Majadas no es posible localizarlo sin apoyo visual. Se sitúa a 200 metros dehesa adentro a 3 km antes del pueblo.
A un km del cruce con la fuente en dirección a Las Majadas, otro ramal situado en margen izquierdo que lleva al parque cinegético El Hosquillo.
En plena serranía conquense, lugar de belleza incomparable como Los Callejones y los cortados calizos que contemplamos en Los Miradores. Donde anida el buitre leonado, cubiertos de pino laricio.
Los Callejones se encuentran a 3 km de Las Majadas y Los Miradores a 1,5 km de éstos.
Los Callejones
La formación cárstica de Los Callejones, está compuesta de formas caprichosas que asemejan: puentes, arcos, pasillos, pobladores de piedra, puertas, plazas, monolitos... En una palabra, una especie de ciudad encantada en medio de la sierra conquense.
Los Callejones se formaron por la erosión diferencial de las calizas, trabajadas por el viento y el agua de lluvia, que disuelve el terreno de forma desigual dependiendo de su dureza, en el tramo superior son silíceas y resistentes mientras las del tramo inferior son más puras (sin arcilla, sílice o magnesia).
Dejamos la población atrás con la sensación de haber pasado por (el mundo perdido). A unos cuantos kilómetros, aguardaba otra maravilla de la comarca que, al igual que lo vivido, no sería posible retraerse ni ignorarlo, sino que, dejaría indeleble huella en el alma como en la suela de nuestras botas: EL HOSQUILLO.
"PARQUE CINEGÉTICO EL HOSQUILLO". FASCINANTE
Manteniendo en todo momento controlado el margen derecho de la pista, alargando en lo posible el tiempo y disminuyendo en lo indecible el paso, saboreamos la expedición como quien sabe de las grandezas del conocimiento universal pero sin ansias ni pretensiones grandilocuentes a las que estamos tan acostumbrados. El sinuoso trazado nos precipitaba por momentos hacia el espacio donde él, era el príncipe: el lobo.
Y ellos, sus majestades: los osos.
Cuando finaliza la pista de manera brusca, a pocos metros y al frente, la enorme puerta del Olimpo.
En pleno corazón de la Serranía Alta de Cuenca, se sitúa "El Hosquillo", encajonado valle de gran belleza donde encuentran cobijo numerosas especies de nuestra fauna. Este espacio fue creado el 22 de Octubre de 1.964 como Parque Cinegético Experimental, siendo su función principal, la de actuar como granja cinegética para repoblar acotados de caza con especies como: el ciervo, gamo, cabra montesa, corzo, muflón y jabalí.
A partir del 1 de Julio de 1.996 pasó a depender de la Consejería de Agricultura y Medio Ambiente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.
El nombre de "El Hosquillo", se debe a su orografía hosca y de difícil acceso, cubierta por una densa vegetación.
Sobre una extensión de 910 hectáreas, de tres montes de Utilidad pública, se encuentran representados diferentes ecosistemas:
Desde los altos riscos que cierran el valle y donde anidan importantes especies de aves rapaces protegidas: (águila real, halcón peregrino, buitre leonado, búho real..., etc). Hasta el abundante pinar tan frecuente de la Serranía, o los ríos Escabas y de las Truchas, donde habita una variada fauna rupícola entre la que se puede destacar, la trucha común y la nutria.
Si bien "El Hosquillo" es conocido principalmente por la fauna que alberga, cabe destacar asimismo, una densa vegetación, dominada en su mayor parte por el pino albar (Pinus sylvestris) y pino negral (Pinus nigra), en menor medida por el quejigo (Quercus faginea). En el sotobosque abunda el boj o "buje" (Buxus sempervirens), acompañado por la aliaga (Genista scorpius). En los lugares más umbrosos aparece el tejo (Taxus baccata) y el acebo (llex aquifolium), y en las proximidades de los cauces fluviales el sauce (Salix sp.), chopo (Populus alba), avellano (Corylus avellana), etc, destacando un pequeño grupo de álamo temblón (Populus trémula) en el "Rincón del Buitre".
Además del estudio, manejo y reproducción en semilibertad de especies cinegéticas, el Parque ofrece un inmejorable marco natural para la realización de actividades de Educación Ambiental, para lo cual, cuenta con un pabellón de caza y con varios recintos de diferentes dimensiones donde pueden observarse: lobos, zorros, gatos monteses, jabalíes...
En el paraje más privilegiado del "El Hosquillo", El Rincón del Buitre, pueden observarse con un poco de suerte, los osos que allí habitan. El espacio se encuentra cercado de forma natural por impresionantes paredes calizas y, artificialmente, por un cerramiento metálico a prueba de osos.
Lo que sí observaremos con sólo levantar la vista al cielo, será la silueta de los buitres leonados que allí anidan.
A los cuatro años de su inauguración se llevó a cabo la primera suelta de gamos y corzos. Al año siguiente llegaron los primeros osos procedentes desde Hamburgo, especie pacífica alojada en un remanso del parque cerca de las fuentes del río Escabas y sin enemigos naturales.
En 1970 comienzan experiencias con muflones, parientes de las cabras con enormes cornamentas retorcidas, procedentes de la sierra de Cazorla, la cabra hispánica y el jabalí junto con especies de la Serranía.
En el año 1973; cerca de un millar de ejemplares, entre gamos, ciervos, muflones, jabalíes, lobos, corzos, osos y cabras hispánicas viven en régimen de completa libertad, solo algunos son sometidos a la observación de expertos en parcelas de 6 a 40 hectáreas.
Posicionando la marcha:
A la espalda, la puerta del parque. A la derecha, camino ancho y bien delimitado en ligera subida (tierrecilla y algo de gravilla), por el que podemos encontrar el mirador del Reloj situado a unos 200 metros, en margen derecho. Al frente, la pista.
El retorno a Tejadillos no presenta desde aquí ningún imprevisto referencial tan solo, hay que mantener la paralela con margen derecho de la pista. En un par de kilómetros, El Hocinillo nos irá dando escolta hasta el término de la ruta.
Si tuvimos buen cuidado de tener en cuenta las referencias posicionales en la ascensión, como el sonido cercano del arroyo, tocones de piedra, quitamiedos metálicos,... No deberíamos sufrir alteraciones de mención en la bajada.