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RUTA 7: El "Hocino". Todo un reto |
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RECOMENDACIONES ESPECIALES Botas de montaña, andador “bastón de apoyo”, bastón convencional, gorra, gafas, pantalón largo y resistente, manga larga, guantes de ciclista, bobina de hilo fuerte o en su efecto un rollo de cinta de plástico. A un kilómetro de Fuertescusa, por el margen derecho en dirección a Cañamares, entre dos colosos pétreos que rozan la carretera, tiene la ruta su comienzo. Viniendo desde Cañamares, la ruta arranca en margen izquierdo de la carretera después de “EL TEJAR”. Quiere decirse que, presenta para el senderista ciego o deficiente visual, inconvenientes obvios para localizarla si se discurre en todo momento por la derecha. Hemos de proceder por tanto con una de las dos opciones posibles: O bien vamos cambiando de arcén al cabo de una media hora de marcha después de haber pasado por los Arcos, en intento de encontrarla, o, no tendríamos mas remedio que acercarnos hasta Fuertescusa y desde aquí, emprender su búsqueda, sabiendo que es la primera ruta con la que nos encontraríamos. La tentativa de frenar a un vehículo es del todo un acto imprudente, para nada recomendable, ya que por este tramo al ser bastante recto transcurren a velocidad considerable. La señalización por carteles es poca y en mal estado, ahora bien, una vez localizada no presenta particularidades que la hagan especialmente complicada. Desde lo alto de estos montículos rocosos, utilizados como atalayas, los celtíberos lanzaban sus defensas contra el invasor romano en intento de protejer su poblado. Las sensaciones son muy diferentes si nos aventuramos por ella tras una tormenta a pisarla en seco. El sendero arranca poco definido en ligera cuesta entre matojos e incipientes arbolitos. El terreno que pisamos es arcilloso, de manera que, con las lluvias es tremendamente resbaladizo. Multitud de agujeros van quedando a los lados del serpenteante caminito. Este nos irá acercando a la pared de la derecha hasta tocarla, “distancia estimada hasta la referencia, unos 50 metros”. En este punto, se empieza a estrechar el pequeño desfiladero. El sendero que aparece en este lateral no es para nada recomendable, ya que nos conduciría a lo alto de la roca con caída vertical de unos 25 metros. Camino muy en cuesta y absolutamente repleto de piedras sueltas. Estamos en el emplazamiento adecuado para una imposición de manos, es decir, delante de la pared. Las cicatrices por el paso del tiempo son muy marcadas, los meteoros, mas pacientes que ella, se burlan de su tozudez. Canalillos y desgarros, son huellas que, de poder interpretarlas, es posible nos hablasen, entre otras curiosidades, de lo efímero de la existencia del bípedo implume. En días de intensa lluvia, el coloso se desangra por sus poros. La humedad asoma como el sudor de un guerrero en el campo de batalla. Estremece sentir como se desliza la vida entre la palma de la mano y la venerable caliza. Seguimos adelante. Posicionando la marcha: pared a la derecha. Espacio abierto hasta la otra pared de la izquierda. Atrás, por donde vinimos. Al frente y escorados ligeramente a la izquierda, hacia donde vamos. A pocos metros tropezamos con una subida escalonada, apenas un par de golpes de rodilla. Enseguida, entramos en contacto con pared a la izquierda. El camino se estrecha considerablemente. El desfiladero se va abriendo en letra mayúscula D “letra en tinta”. A la derecha nos sale la madre flora, en su intento de hacerse entender, nos irá contando historias fantásticas salpicadas de aromas agradabilísimos. A la derecha y abajo, una hondonada de mas menos un metro. Una piedra en el camino, de algo más de un metro de larga, ocupa todo el espacio de apoyo. Lisa, en desnivel a la hondonada. Lloviendo, es paso complicado. (La madre flora nos puede seguir contando mas historias allí abajo). Importante dato a tener en cuenta son, los aliviaderos naturales que discurren paralelos entre senda y pared, ocultos por matorral de hasta un metro de profundidad y unos veinte centímetros de ancho. Eventuales acuíferos van cortando el pasillo. A medida que la pared de la izquierda se aleja, la de la derecha, se aproxima. Durante unos metros la referencia lateral con la piedra desaparece. En su lugar, la vegetación nos comprime en intento furibundo por reprimir nuestro avance y ¡vive Dios! que apoco lo consiguiera! La fábula del caminante adquiere matices punzantes en torso, piernas, brazos y cara. Zarzales de la peor calaña, parras silvestres y putas ramitas de pinos jóvenes y graciosillos, rivalizan con el empuje de nuestro entusiasmo y ánimo aventurero. Este es el preciso momento del empleo de la cinta de plástico o cuerda. Amarrándola a los árboles que vayan apareciendo a golpe de bastón; ya que nos facilitará el retorno como mas tarde se podrá apreciar y, estamos en condiciones de asegurar, y aseguramos que, las gracias serán dadas a Dios, como a estas previsiones observadas por nos. Al fin la referencia aparece, contacto con caliza a la derecha, revestida de una delicada y suave capa de musgo. Pongamos a trabajar la percepción sobre la orientación. A la izquierda y al frente, el Hocino se abre al bosque. La vertical referencia ha ido en detrimento, es decir, estamos ascendiendo y girando a la diestra. Nos encontramos en medio de bifurcación de caminos, la ubicación correcta es: Al frente, el camino que nos conduce a lo más alto del gran picacho. Su cúspide es conocida con el nombre de “El Castillo”. Atrás, monte. A la derecha caída y el camino por el que subimos hasta aquí. A la izquierda, sendero que nos dirigiría al cementerio y población de Fuertescusa. En el lugar, un desvencijado cartel de madera en el que hay dibujadas unas flechitas, comunica al senderista esto mismo, para aquellos torpes videntes que osan o aciertan a pasar por allí. Hasta ahora nos hemos divertido. Momento de reponer, descansar, lamernos las heridas y echar un vistazo a patas y cuerpo del “guía”. No olvidemos que nuestro amigo carece de coraza que le proteja. Lo único que puede mantenerse intacto es su adhesión a nosotros e inquebrantable corazón, unos azotitos pueden ser el mejor bálsamo para él. ¡Que grande es el “bichi”! A partir de ahora hay que tenerlo muy claro. Un fallo, puede dar con nuestros huesos en el fondo del abismo. Seguimos. Según avanzamos hacia “El Castillo” el corte quedará en todo momento a nuestra derecha, a distancia de uno a cuatro metros. Al igual que los hijos de Roma, MM años atrás, vamos en franca y resuelta acometida hacia la picuda protuberancia, piedras sueltas, gravilla y arenisca, nos lo van a poner mas que complicado. ¿Serán escombros de viejas y sangrientas batallas? La expresión ¡llegué, vi y vencí! se antoja sobre el terreno algo más que pretenciosa. ¿Como lo harían estos tíos para subir sin caerse vapuleados desde lo alto por flechas y pedruscos? Como diría Virgilio: “lo aconsejable de no ir debidamente preparado y en compañía de otra persona, sería alcanzar la encina que pegada al sendero nos previene del peligroso tramo final. Un exceso de confianza, y acabaríamos en brazos de Caronte“. Referencia hasta la encina, desde el cartel de las flechitas, unos cien metros. Volver sobre nuestros pasos presenta ciertas dificultades a tener en cuenta: Ahora el peligro se recorta a la siniestra, hay que buscar por tanto el giro a la izquierda que, posibilite la entrada al cortado. El uso del bastón aquí es absolutamente necesario; los toques por abajo, en medio y por arriba, transmitirán la información precisa. Si aún a pesar de la sagacidad e improvisados argumentos perceptivos sobre nuestra ubicación en el lugar donde nos encontramos, el despiste llegara a suceder que, es fácil, "muy fácil que ocurra", buscando la pared resolveremos el entuerto. Si tuvimos en cuenta la recomendación sobre el bien aventurado cordel, resolveremos sin más el complicado tramo, y canturreando cuan pollos de ciudad, iremos dejando atrás cábalas e interrogantes amplificadas por el desconcierto orientativo. A lomos de su corcel IODO, el ánima centurión, al mando de su aguerrida soldadesca de nombres míticos y eternos:" entusiasmo, intuición, determinación, esfuerzo y sacrificio", vibra en el interior de su armadura humana por la emocionante aventura acontecida y retos formidables superados. El botín adquirido en tan extraordinaria batalla, es un magnífico tesoro digno de un César: una ramita de romero en la oreja y una tirita en la frente. Teniendo siempre presente las indicaciones referidas en la ida, la vuelta no presenta mayores inconvenientes, el sonido de algún vehículo es buena referencia de la proximidad a la carretera, y por ella, a la mundana existencia. ¡HASTA SIEMPRE MADRE FLORA!
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Camping "La Dehesa" Villar de Domingo García-Molina de Aragón (Carretera comarcal 210, Km. 31) Tlfs: 969310471 - 636298592 - 646638599 CAÑAMARES (CUENCA) info@camping-ladehesa.com |